La historia de Cannondale con el aluminio comienza en 1983, mucho antes de que existiera el término CAAD, en una época en la que el acero era el rey del mundo del ciclismo. Los cuadros de acero, de tuberías de pequeño diámetro soldadas por experimentados constructores europeos, eran la única opción disponible. Así había sido siempre y se suponía que así seguiría siendo. Algunos fabricantes habían experimentado con el aluminio o el titanio, pero siempre se consideraron materiales demasiado flexibles, demasiado blandos y demasiado débiles. Aceptables, tal vez, para aficionados o entusiastas, pero no para corredores profesionales, ni para esas extrañas nuevas bicicletas "de montaña" que llegaban desde los EE. UU.
Hasta que una emergente empresa de artículos outdoor de Connecticut lanzó su primera bicicleta, y puso patas arriba el saber hacer tradicional.
Esa bicicleta fue la ST500, una bicicleta de cicloturismo para carretera, fabricada con lo que en aquel momento parecían tubos de aluminio exageradamente anchos. Tenía una apariencia salvaje y diferente a cualquier otra bicicleta vista antes. Pero la ST500 no buscaba ser la novedad, sino proporcioonar un rendimiento superior. Nuestros ingenieros habían descubierto que los tubos de aluminio de gran diámetro eran más rígidos y ligeros que el acero o el titanio, mejorando enormemente la eficiencia, el manejo y la velocidad. Era una diferencia que se podía sentir desde la primera pedalada.
Esa sencilla bicicleta de cicloturismo inició una revolución en la construcción de cuadros. La era del acero había terminado. La era del aluminio acababa de comenzar.