El Campeonato del Mundo Élite en Kigali se tornaba más exigente a cada vuelta. El calor irradiaba desde los adoquines del pavimento. La subidas se acumulaban una tras otra, cortas y empinadas. El duro circuito se encargó de cribar el pelotón, hasta que solo quedaron aquellas con la resistencia necesaria.
Magdeleine Vallieres pedaleó con serenidad. Mantuvo el ritmo en las subidas y la velocidad en las bajadas, aguantando el tipo mientras el grupo iba perdiendo corredoras. Cuando se produjo la escapada más decisiva, ella misma se encargó de cerrar el hueco. Y a partir de ahí, la cabeza de carrera se redujo a diez corredoras. Un grupo inestable en el que Vallieres absorbió cada ataque. En el penúltimo ascenso, trabajó con García y Fisher-Black para dejar a las demás atrás, preparando el escenario para la lucha final.
Cuando llegaron a la última subida de la última vuelta, Vallieres atacó. Su arrancada fue potente, fulminante, decisiva. Y García y Fisher-Black no pudieron seguir su rueda. Mags coronó el la ascensión en solitario y ya no bajó el ritmo hasta la línea de meta.
Conservó la ventaja. La meta se acercaba, y con ella, la historia. Vallieres cruzó sola. El primer Campeonato del Mundo Élite para Canadá. La segunda victoria profesional de su carrera... y la más importante hasta la fecha.